sábado, 1 de agosto de 2015

Dos versiones de Caperucita roja/Samuel Méndez





Caperucita Roja cuenta su historia:

Acabo de enterarme sobre la enfermedad que obtuvo mi abuela, quiero visitarla, debido a que vive sola en el medio del bosque, así que llamo a mi madre antes de partir en bicicleta, ella está feliz con la idea, pero me pide que le lleve la canasta de frutas y medicina que se encuentra en la cocina. Al entrar al bosque, uso mi GPS para encontrar su dirección y le escribo un mensaje con su celular, espero que lo lea. A mitad de camino observo lo que parece una figura de un lobo, a un lado. Lo más extraño es que estaba encima de una moto. Seguramente es una alucinación por dormir menos de tres horas al día, pienso. Finalmente he llegado a la casa, extrañamente hay una moto estacionada al lado de la puerta. No sabía que la abuela había comprado una, mejor sólo la ignoro, no quiero dañarla. Ya estoy adentro de la construcción, la abuela está acostada en la cama, luce mucho más gorda y peluda de lo usual, mejor habló con ella, seguramente se va a sentir mejor...

El lobo cuenta su versión de la historia:

¿Qué es ese ruido? Parece ser el de una persona hablando, mejor espero que pase frente a mí, tal vez pueda comer algo. Es una niña en su bicicleta, cargando una cesta. ¿Adónde va?-Me pregunto, probablemente a un lugar con más personas que comer, mejor la sigo, manejando mi moto. Logré llegar a su destino primero, una casa vieja y fea. Dejé la moto en la puerta y entré rápidamente. Encontré una persona vieja y bastante gorda, la comí sin pensarlo dos veces y me acosté en la cama esperando a la siguiente víctima, la niña. Casi dos horas después, llegó la joven, se acercó a la cama, hablando con la que pensaba era su abuela, me cansé de su voz y me la comí de un sólo mordisco.

Samuel Méndez

(14 años)

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