Había una vez una Rana que vivía en el
bosque, como muchas otras ranas. Ella era verde, como, bueno, muchas otras
ranas. Ella saltaba, pero, bueno, en realidad no saltaba de una forma muy
especial. A simple vista, esta rana era igual que todas las otras ranas. Pero
había un detalle que hacía que esta rana fuera diferente a las otras.
Nuestra Rana era una rana muy
optimista, siempre veía el vaso medio lleno, siempre tenía una respuesta ante
cualquier problema. Nuestra Rana tenía una esperanza que muchos podrían
catalogar como ingenua, infantil incluso, pero a la Rana no le importaba.
Un día, la rana estaba junto a una de
sus compañeras deambulando por el bosque, cuando se toparon con una rara
estructura que no reconocieron. Era como si muchos árboles crecieran juntos y
formaran una caja con una peculiar punta triangular, era lo que nosotros
conocíamos como una casa. Las ranas, curiosas, decidieron explorar la
estructura.
Luego de entrar en la casa se
encontraron con muchas cosas extrañas que no habían visto jamás en sus vidas.
Se encontraron con más formas extrañas hechas de madera, lograron trepar sobre
una que consistía en 4 pequeñas ramas que sostenían una pieza más grande, plana
y delgada. Sobre esta tabla de madera se encontraron con muchas cosas extrañas.
Vieron cosas que les recordaron a las frutas silvestres del bosque, pero mucho
más grandes, y de colores como amarillo, rojo, verde. Decidieron subirse sobre
otra estructura más grande que estaba llena de cosas extrañas, con hojas como
las del bosque, pero blancas, con cubiertas de un material duro. Desde ahí
contemplaron muchas maravillas que los dejaron boquiabiertos. En este momento
de distracción, ocurrió lo impensable.
Las dos ranas se cayeron dentro de una
jarra que estaba llena de un líquido blanco. Las pobres ranitas se estaban
hundiendo en aguas desconocidas. La rana pesimista comenzó a divagar en sus
propios pensamientos, se preguntó si hasta aquí iba a llegar todo, si había
sobrevivido a incontables peligros en el bosque para perecer en un vil y vulgar
vaso de leche. La rana tomo una decisión, tal vez impulsada por alguna creencia
religiosa que le garantizaba el paraíso o la reencarnación, por el buen sabor
del líquido, o por flojera; se rindió. La rana decidió que ese era el sitio
donde iba a morir.
Mientras la otra rana se resignaba a su
destino y permitía que el extraño líquido blanco llenara sus pulmones hasta
perderse a sí misma dentro de un producto lácteo, la Rana Optimista comenzó a
mover las ancas en un inútil intento de salvar su verde pellejo. No se sabe si
la rana fue presa del pánico, si era atea, o si era una rana muy estúpida,
pero, increíblemente, los intentos de la rana tuvieron resultados. La rana,
agotada, comenzó a sentir que el líquido se iba endureciendo, hasta el punto que
pudo arrastrarse hasta la superficie, hasta el aire, hasta la vida. La Rana dio
brincos hasta abandonar la tumba de su antigua compañera, la tumba de aquella
compañera que no tuvo esperanza, que dejó que la situación la venciera y que se
rindió.
Miguel Rivas
Miguel Rivas

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