jueves, 25 de julio de 2013
Decálogo del perfecto cuentista Horacio Quiroga
I. Cree en un maestro -Poe, Maupassant, Kipling, Chejov- como en Dios mismo.
II. Cree que su arte es una cima inaccesible. No sueñes en dominarla. cuando puedas hacerlo, lo conseguirás sin saberlo tú mismo.
III. Resiste cuanto puedas a la imitación, pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que ninguna otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una larga paciencia.
IV. Ten fe ciega no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con que lo deseas. Ama a tu arte como a tu novia, dándole todo tu corazón.
V. No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas. En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la importancia de las tres últimas.
VI. Si quieres expresar con exactitud esta circunstancia: "desde el río soplaba un viento frío", no hay en lengua humana más palabras que las apuntadas para expresarla. Una vez dueño de tus palabras, no te preocupes de observar si son entre sí consonantes o asonantes.
VII. No adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuántas colas de color adhieras a un sustantivo débil. Si hallas el que es preciso, él sólo tendrá un color incomparable. Pero hay que hallarlo.
VIII. Toma a tus personajes de la mano y llévalos firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te distraigas viendo tú lo que ellos no pueden o no les importa ver. No abuses del lector. Un cuento es una novela depurada de ripios. Ten esto por una verdad absoluta, aunque no lo sea.
IX. No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir y evócala luego. Si eres capaz entonces de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino.
X. No pienses en tus amigos al escribir, ni en la impresión que hará tu historia. Cuenta como si tu relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida en el cuento.
Horacio Quiroga
lunes, 22 de julio de 2013
Talleres vacacionales de cuento para niños y jóvenes
¿Te gusta leer y escribir?¿Tienes entre diez y quince años? Estas vacaciones tengo dos talleres de cuento en los que puedes divertirte escuchando cuentos y escribiendo tus propios cuentos. Coordenadas:
Biblioteca Los Palos Grandes. Los sábados a partir del 3 de agosto de 4 a 6 pm durante 6 semanas. Información al 0212-3264827
Casa Arturo Uslar Pietri. Del 12 al 16 de agosto. De 3 a 5 pm. Información al 7304061-3263435.
Biblioteca Los Palos Grandes. Los sábados a partir del 3 de agosto de 4 a 6 pm durante 6 semanas. Información al 0212-3264827
Casa Arturo Uslar Pietri. Del 12 al 16 de agosto. De 3 a 5 pm. Información al 7304061-3263435.
sábado, 20 de julio de 2013
Tatuaje
Cuando su prometido volvió del mar, se casaron. en su viaje a las islas orientales, el marido había aprendido con esmero el arte del tatuaje. La noche misma de la boda, y ante el asombro de su amada, puso en práctica sus habilidades: armado de agujas, tinta china y colorantes vegetales dibujo en el vientre de la mujer un hermoso, enigmático y afilado puñal.
La felicidad de la pareja fue intensa y como ocurre en esos casos: breve. En el cuerpo del hombre revivió alguna extraña enfermedad contraída en las islas pantanosas del este. Y una tarde, frente al mar, con la mirada perdida en la línea vaga del horizonte, el marino emprendió el ansiado viaje a la eternidad.
En la soledad de su aposento, la mujer daba rienda suelta a su llanto, y a ratos, como si en ello encontrase algún consuelo, se acariciaba el vientre adornado por el precioso puñal.
El dolor fue intenso, y también breve. El otro, hombre de tierra firme, comenzó a rondarla. Ella al principio esquiva y recatada, fue cediendo terreno. Concertaron una cita. La noche convenida ella lo aguardó desnuda en la penumbra del cuarto. Y en el fragor del combate, el amante, recio e impetuoso, se le quedó muerto encima, atravesado por el puñal.
Ednodio Quintero
Narrador venezolano (Las Mesitas, Estado Trujillo, 1947). Ingeniero forestal de profesión, desde 1988, año en el que publica La línea de la vida, ha venido publicando varios libros de cuentos y novela. Recientemente publicó la novela El hijo de Kublai Khan, cuya desconcentante perspectiva de narración nos sorprende, narra el hijo aún no nacido de Kublai Khan, como la mayoría de sus textos, que oscilan entre la realidad y el relato fantástico, entre la realidad y el sueño, la fuerza del deseo y su realización.
Relato de Silda Cordoliani
En algún escondido lugar del más remoto confín del planeta, debe existir el punto exacto en que me has citado. Lo he visto en mis sueños: la roca al final de un acantilado frente a un océano brillante y oscuro. Soñé muchas veces con el agua en todas sus formas, más tarde con el mar, hasta que comencé a percibir el sitio preciso. Me obsesioné intentando descifrar los mensajes de mis visiones nocturnas: del mar y de aquella roca frente al mar. Anoche, sin embargo, obtuve la respuesta justa que no encontré en los tratados de mitología y estudios de la psique. Entonces todo me pareció estúpidamente simple. Anoche, sentadas sobre la roca, dos mujeres conversábamos con los ojos perdidos en la líquida inmensidad.
Silda Cordoliani
Este brevísimo relato de la narradora venezolana Silda Cordoliani, sin título y en cursiva en el original es el pórtico que abre su libro de relatos Babilonia. Lo escojo como lectura por su lirismo, por lo mucho que dice en sus breves líneas, que nos remiten indudablemente a la mujer, a lo femenino, en tanto sus referentes primordiales son el agua, el mar, lugar por excelencia de la gestación, de la transformación, además del hecho evidente de que su narradora y sus personajes son mujeres. Entrelaza distintos planos de realidad, que se imbrican en sus imágenes poéticas: realidad objetiva y sueño. Es esta una pequeña joya de la narrativa venezolana contemporánea.
Silda Cordoliani
Este brevísimo relato de la narradora venezolana Silda Cordoliani, sin título y en cursiva en el original es el pórtico que abre su libro de relatos Babilonia. Lo escojo como lectura por su lirismo, por lo mucho que dice en sus breves líneas, que nos remiten indudablemente a la mujer, a lo femenino, en tanto sus referentes primordiales son el agua, el mar, lugar por excelencia de la gestación, de la transformación, además del hecho evidente de que su narradora y sus personajes son mujeres. Entrelaza distintos planos de realidad, que se imbrican en sus imágenes poéticas: realidad objetiva y sueño. Es esta una pequeña joya de la narrativa venezolana contemporánea.
jueves, 18 de julio de 2013
Quemando cromo (fragmento)
Hacía calor, la noche en que quemamos a Cromo. En los paseos y en las plazas, las mariposas se mataban a golpes contra el neón, pero en la buhardilla de Bobby la única luz salía de la pantalla de un monitor y de los testigos rojo y verde del panel frontal del simulador de matriz. Me sabía de memoria todos y cada uno de los chips del simulador de Bobby; era como cualquier Ono-Sendai VII de trabajo diario, el "Cyberapace Seven", pero lo había reconstruido tantas veces que costaría un triunfo encontrar un milímetro de circuito original a lo largo de todo aquel silicio.
Esperábamos codo a codo frente a la consola del simulador, mirando la ventana del reloj en la esquina inferior izquierda de la pantalla.
-Adelante -dije, cuando llegó la hora, pero Bobby ya estaba allí, inclinándose para empujar con el talón de la mano el programa ruso en la ranura. Lo hizo con la rigurosa elegancia de un niño que mete monedas en una videogalería, seguro de ganar y listo para sacar toda una serie de partidas gratis. Una bullente y plateada marejada de fosfeno atravesó mi campo visual mientras la matriz comenzaba a desplegarse en mi cabeza, un ajedrez tridimensional, infinito y perfectamente transparente. El programa ruso pareció dar unos tumbos cuando entrábamos en la cuadrícula. Si algún otro hubiese estado conectado a aquella parte de la matriz, tal vez habría visto una oscilante ola e sombra que salía de la pequeña pirámide amarilla que representaba a nuestro ordenador. El programa era un arma mimética, diseñada para absorber el color local y presentarse como una irrupción de emergencia prioritaria en cualquier contexto que encontrase.
-Felicitaciones -oí que decía Bobby-. Acabamos de convertirnos en una sonda de inspección de la Autoridad de Fisión del Litoral Este... -Eso significaba que estábamos despejando líneas de fibra óptica con el equivalente cibernético de una sirena de bomberos, pero en la matriz de simulación era como si estuviésemos corriendo directamente hacia la base de datos de Cromo. Aún no alcanzaba a verla, pero sabía que aquellos muros estaban esperando. Muros de sombra, muros de hielo.
Cromo: cara bonita de niña, lisa como acero, con ojos que se habrían sentido cómodos en el fondo de una profunda fosa del Atlántico, ojos fríos y grises que vivían bajo una presión terrible. Decían que ella misma preparaba los cánceres para la gente que la traicionaba, variaciones barrocas a la medida, que tardaban años en matarte. Se decían muchas cosas de Cromo, ninguna de ellas tranquilizadora.
Así que la tapé con una imagen de Rikki. Rikki arrodillada en un haz de polvorienta luz solar que entraba oblicuamente en la buhardilla por una rejilla de acero y vidrio: los descoloridos pantalones militares de camuflaje, las traslúcidas sandalias rosadas, la hermosa línea de la espalda mientras revolvía en un bolso de nailon lleno de herramientas. Levanta la mirada, y un rizo casi rubio cae y le hace cosquillas en la nariz. Sonriendo, abotonándose una vieja camisa de Bobby, un raído caqui de algodón que le cubre los senos. Sonríe.
-Qué hijo de puta -dijo Bobby-. acabamos de decirle a Cromo que somos una auditoría de la IRS y tres citaciones de la Corte Suprema...Agárrate fuerte, Jack...
Hasta la vista, Rikki. Quizá no vuelva a verte nunca más.
Y hay tanta, tanta oscuridad en los pasillos de hielo de Cromo.
Bobby era un vaquero, y el hielo, de ICE, Instrusion Countermeasures Electronics, era la esencia del juego de Bobby. La matriz era una representación abstracta de las relaciones entre sistemas de datos. Los programadores legítimos entran en conexión con el sector de la matriz de sus jefes y se encuentran rodeados por luminosas formas geométricas que representan la información empresarial.
Torres y campos de información ordenados en el incoloro no-espacio de la matriz de simulación, la alucinación consensual que facilita la manipulación y el intercambio de enormes cantidades de datos. Los programadores legítimos nunca ven los muros de hielo tras los que trabajan, los muros de sombra que ocultan sus operaciones a los demás, a los artistas del espionaje industrial y a los buscavidas como Bobby Quine.
Bobby era un vaquero. Bobby era un pirata informático, un ladrón que estudiaba el extendido sistema nervioso electrónico de la humanidad, que robaba datos y cuentas en la abarrotada matriz, el monocromático no-espacio donde las únicas estrellas son densas concentraciones de información, y en lo alto de todo eso arden las galaxias corporativas y los fríos brazos espirales de los sistemas militares.
Bobby era otro de esos rostros maduro-juveniles que se ven bebiendo en el Gentleman Loser, el bar chic de los vaqueros informáticos, los cuatreros, los saqueadores cibernéticos. Éramos socios.
Bobby Quine y Automatic Jack. Bobby es el tipo delgado, pálido, de gafas oscuras, y Jack es el cara-de-malo, el del brazo mioeléctrico. Bobby es software y Jack es hard; Bobby teclea en la consola y Jack se encarga de todos los detalles que pueden darte ventajas. O al menos eso es lo que los testigos presenciales del Gentleman Loser te habrían dicho, antes de que Bobby decidiese quemar a Cromo. Pero también te podrían haber dicho que Bobby estaba perdiendo el filo, perdiendo velocidad. Tenía veintiocho años, Bobby, y eso es ser viejo para un vaquero de consola.
Ambos éramos buenos en lo que hacíamos pero, por alguna razón, no nos caía un buen paquete. Yo sabía donde ir a buscar el equipo adecuado, y Bobby estaba siempre al pie del cañón. Se sentaba con una cinta de toalla blanca alrededor de la frente y movía las manos por el teclado más rápido de lo que uno podía seguir con los ojos; abriéndose paso entre los más sofisticados hielos del ambiente empresarial, pero eso era cuando pasaba algo que conseguía interesarlo a fondo, lo que no ocurría a menudo. No andaba muy motivado, Bobby, y yo era la clase de tipo que se contenta con tener el alquiler cubierto y una camisa limpia que ponerse.
Pero Bobby tenía esa cosa con las chicas, como si fueran su tarot privado o algo así, por el modo como actuaba. Nunca hablábamos de eso, pero cuando empezó a parecer que estaba perdiendo facultades, aquel verano, se dedicó a pasar más tiempo en el Gentleman Loser. Se sentaba a una mesa cerca de las puertas abiertas para observar al gentío que pasaba por delante; noches en las que los insectos se arrojaban contra el neón y el aire olía a perfume y a comida rápida. Veías sus gafas de sol explorando rostros que pasaban, y debió de haber llegado a la conclusión de que Rikki era la que estaba esperando, el comodín, la que le cambiaría la suerte. La nueva.
Fui a Nueva York a inspeccionar el mercado, a ver qué era lo último que había salido en software.
(...)
El castillo de Cromo se disuelve, láminas de sombra de hielo parpadean y desaparecen, devoradas por los sistemas de alteración que salen en espirales del programa ruso, alejándose a tumbos de nuestro ataque central e infectando la propia configuración del hielo. Los sistemas de alteración son análogos virales cibernéticos autorreproductores y voraces. Están en constante y simultánea mutación, subvirtiendo y absorbiendo las defensas de Cromo.
¿Ya la hemos paralizado, o hay una alarma sonando en alguna parte, una luz roja que parpadea?¿Lo sabe ella?
Rikki Wildside, la llamaba Bobby, y durante aquellas primeras semanas a ella le debió parecer que lo tenía todo, todo el espectáculo rebosante desplegado para ella, agudo y brillante bajo el neón. Era nueva en el ambiente, y tenía todos esos kilómetros de paseos y plazas por merodear, todas las tiendas y los clubes, y a Bobby para explicarle el lado oscuro, la engañosa tramoya del reverso de las cosas, todos los jugadores y sus nombres y sus juegos. Bobby la hacia sentirse en casa.
(fin del fragmento)
William Gibson
Gibson (USA, 1948). Es considerado el padre del subgénero de la ciencia-ficción cyberpunk, junto a Philip Dick y John Varley. Su más importante novela Neuromante (1984) ganadora de los premios Hugo y Nébula, los más importantes que se otorgan al género, fue precursora del cyberpunk. Junto con sus continuaciones Conde Cero (1986) y Mona Lisa acelerada (1988) conforman lo que se ha denominado La trilogía de Sprawl (o del ensanche). En la misma línea estética escribió otra trilogía, conocida como Trilogía de Yamazaki (o Trilogía del Puente): Luz virtual (1993), Idoru (1996) y Todas las fiestas del mañana (1999). Su obra publicada más reciente, Mundo espejo (2003), abandona el cyberpunk, pero igualmente retoma el tema tecnológico. En el género cuento, pueden destacarse "Quemando cromo" (1981), de la cual he copiado un fragmento, y "Johnny Mnemonic". Una versión de éste último cuento fue llevada al cine, con Keanu Reeves en el rol protágonico. En Caracas puede encontrarse en DVD. Si tomamos en cuenta la fecha de publicación de su obra, es notable la manera en que su autor prefigura lo que será la Web World Wide y la conexión informática global en una fecha tan temprana como los albores de la década del ochenta. Su lenguaje neotecnológico logra configurar la atmósfera que da veracidad a ese mundo informatizado que entonces sólo era una intuición. Pero igualmente sus textos guardan una deuda con los grandes escritores de la novela negra, y sus versiones cinematográficas, de la década del cuarenta, del siglo XX.
Gato
Ulises: ¿podemos amarnos?
¿no arañarás más mis piernas?
¿no me morderás ya más?
¿No saltarás sobre mí?
Hanni Ossott
Mi mensual y muy femenina aprehensividad me deparó la serie de encuentros con el oscuro Ulises. Hostil, impenetrable.
Como las biografías, es sabido, son ficción, Ulises podría ser Edgardo. O no existir. (Hanni insiste: -Ulises era Nadie).
Es un gato malévolo. Se pone a llorar cuando ve una mariposa. Disfruta gozoso, al devorarla.
He llegado a preguntarme quién recela, si yo o él. Que otra razón justifica haberlo encontrado en la secadora.
Aunque se esconda, tiene el pelo negro y los ojos verdes "o azules en la tempestad". Ulises está allí, en la casa. Tras la puerta. Se aventaja sobre mí porque sabe que le temo. María Callas lo detiene. Podría decir que lo inspira.
Ulises golpea las puertas al anochecer y se esconde en los rincones para verme pasar. Me llama con el fervor de su mirada. Sus ojos verdes, estáticos, terriblemente hermosos. Retándome, anuncian su pelo de terciopelo negro.
Entonces, no pude sino preguntármelo, ¿admitirlo? En realidad era yo quien, en el fondo, quería ver al gato, quien ansiaba su proximidad.
Llegué a esperarlo tanto tiempo que presumí que ya no vendría. Pero como siempre, la conciencia devasta cualquier certeza. Ulises se paseó indiferente por el estudio. Y se marchó.
Pero apenas me duermo, vuelve, salta sobre mí y me araña y me muerde.
No se detiene: es intenso. No me queda tiempo para decirle que yo también lo amo. Ulises no entiende sino la esquivez. Decidí no volver a hablarle.
Ahora, ha dejado de perseguirme. Ya cada quien tiene su puesto en la casa. Un territorio, su trinchera. Ya no le temo. Ulises duerme en la batea. Al parecer no volverá por el estudio.
Stefania Mosca
(Narradora y ensayista venezolana (Caracas, 1957-2009). Licenciada en Letras de la Universidad Central de Venezuela y Magister en Literatura Latinoamericana de la Universidad Simón Bolívar. Realizó estudios de Postgrado en Toledo bajo la tutoría de Fernado Rodríguez La Fuente y Joaquín Rubio. Ejerció la docencia en la Universidad Metropolitana. Fue directora de la revista digital Kalathos. Falleció víctima del cáncer en 2009. Publicó varios libros de relatos: "Seres cotidianos", "Banales" y "Mediáticos". Sus novelas son: "La última cena", "Mi pequeño mundo" y "El circo de Ferdinand". Sus publicaciones iniciales fueron libros de Ensayo: Jorge Luis Borges: utopía y realidad", "La memoria y el olvido" y "El suplicio de los tiempos".
¿no arañarás más mis piernas?
¿no me morderás ya más?
¿No saltarás sobre mí?
Hanni Ossott
Mi mensual y muy femenina aprehensividad me deparó la serie de encuentros con el oscuro Ulises. Hostil, impenetrable.
Como las biografías, es sabido, son ficción, Ulises podría ser Edgardo. O no existir. (Hanni insiste: -Ulises era Nadie).
Es un gato malévolo. Se pone a llorar cuando ve una mariposa. Disfruta gozoso, al devorarla.
He llegado a preguntarme quién recela, si yo o él. Que otra razón justifica haberlo encontrado en la secadora.
Aunque se esconda, tiene el pelo negro y los ojos verdes "o azules en la tempestad". Ulises está allí, en la casa. Tras la puerta. Se aventaja sobre mí porque sabe que le temo. María Callas lo detiene. Podría decir que lo inspira.
Ulises golpea las puertas al anochecer y se esconde en los rincones para verme pasar. Me llama con el fervor de su mirada. Sus ojos verdes, estáticos, terriblemente hermosos. Retándome, anuncian su pelo de terciopelo negro.
Entonces, no pude sino preguntármelo, ¿admitirlo? En realidad era yo quien, en el fondo, quería ver al gato, quien ansiaba su proximidad.
Llegué a esperarlo tanto tiempo que presumí que ya no vendría. Pero como siempre, la conciencia devasta cualquier certeza. Ulises se paseó indiferente por el estudio. Y se marchó.
Pero apenas me duermo, vuelve, salta sobre mí y me araña y me muerde.
No se detiene: es intenso. No me queda tiempo para decirle que yo también lo amo. Ulises no entiende sino la esquivez. Decidí no volver a hablarle.
Ahora, ha dejado de perseguirme. Ya cada quien tiene su puesto en la casa. Un territorio, su trinchera. Ya no le temo. Ulises duerme en la batea. Al parecer no volverá por el estudio.
Stefania Mosca
(Narradora y ensayista venezolana (Caracas, 1957-2009). Licenciada en Letras de la Universidad Central de Venezuela y Magister en Literatura Latinoamericana de la Universidad Simón Bolívar. Realizó estudios de Postgrado en Toledo bajo la tutoría de Fernado Rodríguez La Fuente y Joaquín Rubio. Ejerció la docencia en la Universidad Metropolitana. Fue directora de la revista digital Kalathos. Falleció víctima del cáncer en 2009. Publicó varios libros de relatos: "Seres cotidianos", "Banales" y "Mediáticos". Sus novelas son: "La última cena", "Mi pequeño mundo" y "El circo de Ferdinand". Sus publicaciones iniciales fueron libros de Ensayo: Jorge Luis Borges: utopía y realidad", "La memoria y el olvido" y "El suplicio de los tiempos".
lunes, 15 de julio de 2013
CLÁSICOS
Shakespeare, Dostoievski y Flaubert se encuentran una noche a la luz de una luna de neón, bebiendo vino en una discoteca de Nueva York. Tras un chasquido de sus dedos aparecen Hamlet, Raskolnikov y Emma Bobary.
Autores y actores brindan a la salud de la literatura. Queen como música de fondo. No saben que son la construcción virtual de un febril estudiante de sistemas.
Nana Rodríguez Romero
Autores y actores brindan a la salud de la literatura. Queen como música de fondo. No saben que son la construcción virtual de un febril estudiante de sistemas.
Nana Rodríguez Romero
AMOR VIRTUAL
Se comunicaban por correo electrónico. Un día la niña le preguntó ¿Qué es el amor?
Él le respondió: Abre el archivo adjunto.
Entonces, la pobre niña al leer el contenido, quedó infectada con el más fatal de los virus.
Nana Rodríguez Romero
(Docente y escritora colombiana. Ha publicado varios libros de narrativa (minificción) y poesía. Ha trabajado en teatro y producción de videos. Premio Nacional de Poesía Ciro Mendía 2008. Trabaja como docente de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia.)
Él le respondió: Abre el archivo adjunto.
Entonces, la pobre niña al leer el contenido, quedó infectada con el más fatal de los virus.
Nana Rodríguez Romero
(Docente y escritora colombiana. Ha publicado varios libros de narrativa (minificción) y poesía. Ha trabajado en teatro y producción de videos. Premio Nacional de Poesía Ciro Mendía 2008. Trabaja como docente de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia.)
SER
El lactógeno el chupón el pablum los pañales el talco mennen los escarpines el gallo de oro los evenflo la tarjeta de bautizo imprenta la torre los jugos gerber la leche klim el visineral los helados cruz roja la pistola wyandote toys el triciclo northern la cucharilla el tenedor el cuchillo la ovomaltina la cocacola la pepsicola la cola kdt la naranjita la crema dental colgate el cepillo tek los chocolates savoy los caramelos la suiza el lápiz mongol los cuadernos castle los creyones prismacolor la goma de borrar cagle la goma de pegar lepage la tijera de plástico el vaso de plástico el libro primario nuestra escuela la regla de madera el compás de metal el bulto de cuero el tesoro de la juventud la anatomía de cendrero la botánica de fesquet el mascotín de catcher la pelota de fútbol los patines rolling skates la pelota spalding el traje de primera comunión casa la religiosa la medalla juan bautista de la salle el retrato de graduación estudio dana la piñata el pino la quincallería arnedo bor las galletas maría la crema de zapatos negra la crema de zapatos marrón el juego de pesas weider los calzoncillos jockey los pantalones bluejeans las dos noches de placer las frecuentaciones de marisa la virgen de dieciocho kilates el gangster de la mano de acero los temerarios del círculo rojo la tabla de logaritmos los condones sultán la penícilina bayer el cigarro phillip, morris las hojillas guillete la loción para después de afeitarse la glostora el reloj despertador las corbatas noble las yuntas las camisas van heusen el traje de baño jantzen la cerveza polar las sopas heinz el reloj de diecisiete rubíes el colchón sweetdream el anillo de compromiso joyería la tacita de oro el maletín de cuero de foca el traje wilco las medías interwoven los zapatos williams el anillo de boda joyería la perla la torta agencia el pinar el champaña de la viuda cliquot el volkswagen el penetro el cafenol los muebles de rattan la frigidaire el radio philco la cocina tappan los cubiertos, de plata saxony el televisor bendix el plato garrard las cornetas fisher la planta Hitachi el disco concierto en la llanura la pluma parker el paltolevita la tenaza de comer escargots el tenedor de comer langosta la cigarrera de plata el mercedes 300 el terreno caurimare el proyecto fruto vivas las fundaciones benotto la constructura giuliani el reloj cronómetro la cámara voigtländer el largavista zeiss el grabador vm la película metro el pisapapeles en forma de empire state la colección obras clásicas de la literatura con mueble el sujetalibros en forma de Quijote el cortapapeles en forma de espada las pastillas mentoladas la prótesis laboratorios meszaros la testosterona sandoz las placas radiográficas kodak la habitación centro médico la cama reclinable plioebus knoll el suero laboratorios abbot el oxígeno laboratorios bustos las flores el clavel la urna la voluntad de Dios la placa marmolería roversi.
Luis Britto García
(Rajatabla, 1970)
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