miércoles, 13 de noviembre de 2013


Ocho canciones de amor para una muñeca de plástico (Nº 7) Slavko Zupcic

a Adriana Lugo Pérez

   1) Llegué a Barcelona en Marzo del año pasado a punto de cumplir 23 con la intención de asistir a la boda de María Gabriela.
   2) Cerca de la Residencia de Caballeros en que me alojé quedaba el Supermercado donde conocí a Susana M Supe inmediatamente que así se llamaba porque la caja en que venía decía su nombre en letras grandes de colores fosforescentes.
   3) Junto a las cajas, una Susana absolutamente inflada lucía erguida vestida completamente de negro.
   4) Inmediatamente me enamoré de ella. No por su estatura ni su boca entreabierta, sino por su parecido con una antigua novia del Colegio.
   5)  No dudé en compararla y la llevé desinflada en su caja a la Residencia. Allí la coloqué sobre la cama impecablemente tendida. Luego me senté sobre la mesa de noche y conecté a la boquilla la bomba que venía a su cuerpo amunuñado (sic).
    6) Cuando la hube inflado, le puse uno de los vestidos que mi hermana le había enviado como regalo a María Gabriela y que yo por casualidad había olvidado entregarle al llegar y me presenté:
    7) -Hola, soy Diego de la Vega. Tengo 23 años.
    8) Inmediatamente le tomé unas fotos. Primero vestida sentada sobre la mesa del comedor. Luego completamente desnuda en la cama.
    9) Le di de comer y beber hasta la media noche en que me fui al sofá. Fue entonces cuando pensé por primera vez que podía llevarla a la boda de María Gabriela la semana siguiente. no lo volví a pensar hasta el amanecer cuando, luego de levantarme, me duché largamente con Susana M en el baño del piso intentando no alterar por nada del mundo el olor a plástico de su piel.
   10) Al mediodía llamé a María Gabriela.
   11) -Conocí a una muchacha excepcional -le dije-. Voy a llevarla a tu boda.
   12) -¿Cómo se llama?
   13) -Susana M.
   14) -¿Te gusta mucho? Mira que yo quería presentarte a la hija de Eloísa.
   15) -Ya no hace falta -le respondí e inmediatamente fui a contarle todo a Susana M.
   16) Ella no se puso brava ni dijo nada y dejó que la besara por mucho tiempo.
   17) Cuando salí, a las tres de la tarde, tuve que evadir la mirada de las muchachas del Supermercado y, en la cola del Metro, me conseguí de frente con el papá de María Gabriela.
   18) -María me dijo que ya tenías novia en Barcelona.
   19) -Sí.
   20) -¿Cómo se llama?
   21) -Susana M
   22) -¿Será familia del ginecólogo londinense?
   23) -Creo que sobrina -le respondí un momento antes de despedirme aduciendo dolor de cabeza y regresé a la Residencia deseoso de sentarme en el sofá con Susana M.
   24) Quería que todo saliera impecable y el juramento de no salir a la calle bajo el hechizo de sus ojos y de su boca entreabierta no resultó en vano. Asimismo, ensayé distintos colores para sus uñas y labios hasta encontrar el turquesa y, el día de la boda, la vestí suavemente con otro de los vestidos de mi hermana, terminé de pintar sus uñas y salí a la zapatería para comprar medias y zapatillas.
   25) Lo conseguí todo y, cuando terminé, decidí llegar a la recepción primero que todo el mundo para poder sentarnos sin que la gente notara su inmovilidad.
   26) Así lo hicimos. Llamé un taxi y la bajé de mi brazo hasta sentarla en él.
   27) Puedo jurar que el taxista no notó nada. ni siquiera cuando le preguntó la hora a Susana y yo respondí por ella.
    28) Al bajarnos, el taxista se adelantó , para abrir la puerta del lado de Susana pero yo bajé con ella por el lado contrario.
    29) Me instalé directamente en la mesa central junto a los floreros.
    30) A los veinte minutos comenzaron a llegar los invitados. A los treinta ya todos estaban sentados a nuestro alrededor.
   31) Ninguno al parecer había notado nada extraño y yo me sentía muy bien. Había presentado a Susana como mi novia y nadie estaba molesto por su silencio.
    32) -Ella es una mujer muy reservada -dije de todas maneras para despejar cualquier posible duda.
    33) A nuestro lado se sentaron Eloísa y su hija. Eloísa a mi lado y Fabiana junto a Susana.
    34) No habíamos terminado el primer trago cuando vino María Gabriela a saludarnos.
    35) Diego, querido Diego. ¿Ella es Susana M., tu novia?¿Ya conociste a Fabiana?
    36) - Sí, sí.
    37) -¿Le caigo mal a tu novia?¿Por qué no dice nada?
    38) -Ella es así.
    39) María Gabriela se fue rápidamente, pero a los cinco minutos Fabiana intentaba conversar con Susana. Inmediatamente descubrí mi error. no le había puesto perfume a Susana y alguien podría detectar su olor a plástico.
    40) Nadie más adecuada que la mismísima Fabiana para hacerlo. Yo no había terminado de pensarlo cuando la muy perra llamó a su mamá para decirle lo que yo ya no necesitaba escuchar.
    41) -Huele a plástico, mamá. aquí huele a plástico.
    42) Deseé morir. Deseé con todas mis fuerzas morir, pero comprendí que debía retirarme con Susana sin tardanza alguna.
    43) Inicié la despedida de Eloísa y de su hija Fabiana, pero ésta, más rápida que yo y al parecer enamorada de mí, le gritó a Susana con voz airada.
    44) -Hueles a plástico, ¿sabes?
    45) Un insulto que no pude soportar.
    46) -Fabiana, te agradezco que no insultes a mi novia.
    47) Ella se rió y le dio un golpe en el hombro a Susana. Inmediatamente quedó enmudecida. Luego comenzó a gritar.
    48) -Es una muñeca. Es una muñeca. La novia de Diego de la Vega es una muñeca de plástico.
    49) Como todos se iban aglutinando a nuestro alrededor, yo decidí salir abandonando a Susana M.
    50) Cuando salía, escuché una explosión ligera, como de una bomba, y supuse que alguien la habría asesinado. No importaba. Susana era solamente una muñeca de plástico y yo podría comprarme otra antes de partir de Barcelona.
 
Slavko Zupcic
 
Tomado de: 583104: Pizzas Pizzas Pizzas. Caracas: Editorial Fundarte, 1995.
 
 

martes, 5 de noviembre de 2013

MInificción




Alicia sentada frente al computador, oprime el mouse, aparece el espejo y ya no tiene que atravesarlo, pues al realidad virtual está en la yema de los dedos. Busca ansiosa a Zanco Panco, a la reina, al unicornio y al león. Alicia extraña el olor de las flores vivas. Desilusionada sale del programa, cruza la habitación, se acerca a la chimenea y con un brinco en el corazón, se sumerge totalmente en el espejo.

Nana Rodríguez Romero

Taller de cuento noviembre


martes, 10 de septiembre de 2013

Eduardo Galeano


VENTANAS/Eduardo Galeano

    Muchos conocemos a Eduardo Galeano por su libro "Las venas abiertas de América Latina", pero quizá no tanto por sus relatos breves. Comparto aquí algunos de sus relatos breves recopilados bajo el título VENTANAS por la editorial El perro y la rana de Caracas en marzo de 2013:

EL VIAJE

    Oriol Vall, que se ocupa de los recién nacidos en un hospital de Barcelona, dice que el primer gesto humano es el abrazo. Después de salir al mundo, al principio de sus días, los bebés manotean, como buscando a alguien.
    Otros médicos que se ocupan de los ya vividos, dicen que los viejos, al fin de sus días, mueren queriendo alzar los brazos.
     Y así es la cosa, por muchas vueltas que le demos al asunto, y por muchas palabras que le pongamos. A eso, así de simple, se reduce todo: entre dos aleteos, sin más explicación, transcurre el viaje.

EL MUNDO

    Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.
     A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.
     -El mundo es eso -reveló-. Un montón de gente, un mar de fueguitos.
     Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca. se enciende.

LA FUNCIÓN DEL ARTE

   Diego no conocía la mar. El padre, Santiago Kovadloff, lo llevó a descubrirla.
     Viajaron al sur.
     Ella, la mar, estaba más allá de los altos médanos, esperando.
     Cuando el niño y su padre alcanzaron por fin aquellas cumbres de arena, después de mucho caminar, la mar estalló ante sus ojos. Y fue tanta la inmensidad del mar, y tanto su fulgor, que el niño quedó mudo de hermosura.
     Y cuando por fin consiguió hablar, temblando, tartamudeando, pidió a su padre:
     -¡Ayúdame a mirar!


EDUARDO GALEANO
      

martes, 3 de septiembre de 2013


clases de redacción y comprensión lectora

Ya se acerca el reinicio de clases. ¿Te gustaría mejorar tu redacción y comprensión lectora o la de tus hijos?


El objetivo del taller "TALLER DE REDACCIÓN Y COMPRENSIÓN LECTORA" es mejorar la redacción y comprensión lectora de los alumnos, bien en forma individual, o bien en grupo, a través de distintas dinámicas amenas. Es fundamental que ellos entiendan la importancia del lenguaje como herramienta de comunicación, pero también como herramienta de conocimiento, sea cual sea la profesión que escojan el día de mañana (funciones del lenguaje). De igual modo la importancia de adecuar el lenguaje a la situación comunicativa en la que nos encontremos (tipos de discurso según su función). Igualmente que aprendan a diferenciar el lenguaje oral del lenguaje escrito. Que aprendan cómo se organizan las ideas de una manera coherente y las nociones básicas de ortografía y puntuación. "TALLER DE REDACCIÓN Y COMPRENSIÓN LECTORA" le ofrece a tu hija o a tu hijo clases amenas para mejorar su redacción y aprender a interpretar ideas esenciales de un texto. 

dirigido a: estudiantes entre 10 y 18 años
lugar: a domicilio o lugar a convenir (lugar público: parque, café,etc.)
costo: Bs.150 por hora, a partir de tres niños se hace descuento
mayor información escribir a: cursosescritura_lectura@yahoo.com

viernes, 16 de agosto de 2013

Pequeños lectores y escritores 3. Cuentos fantásticos

MI GRAN EXPERIENCIA




            Yo me llamo Carla, ahora tengo 45 años, les contaré algo que marcó mi vida desde los 7 hasta los 25 años, así que quise compartirlo con ustedes:
            Cuando yo estaba en primer grado, como vivía en África la educación era muy escasa, los profesores apenas sabían leer y escribir. El 28 de febrero, justo el día de mi  cumpleaños, en el colegio nos leyeron un cuento acerca de la tumba de Tutankhamon, y decía que en esa tumba había un gran tesoro escondido, en el piso más alto donde estaba la tumba, yo emocionada por las maravillas de tesoros que contaban, llegué a mi casa contándole a mi familia aquel cuento. En la noche, cuando ya estaba acostada, se me ocurrió una gran idea, decidí ir a buscar la gran tumba, como me habían dicho que estaba en lo más alto de la pirámide, me percaté, y me llevé una escalera, que no pesaba mucho y una botellita de agua. Y emprendí mi búsqueda. Cuando ya estaba cayendo la noche volvía a mi casa desanimada porque no había encontrado nada más, no me rendí y desde ese día, sin falta, después de llegar del colegio, Esto lo hice durante 18 años, hasta el día de mi cumpleaños 25, ese día decidí irme, para dormir en el desierto hasta encontrar la tumba, me preparé y empecé mi caminata, sentía el sol que me quemaba la piel, había kilómetros y kilómetros de arena, tuve que enfrentar muchas tormentas de arena y más. Cuando después de dos meses vi una montaña de arena de la cual sobresalía un pico puntiagudo, en ese momento aceleré un poco el paso y cada vez más, hasta llegar a correr, luego contemplé frente a mis ojos una gran pirámide, al principio me sentía algo nerviosa, pero me llené de valentía y entré. Al entrar vi todo oscuro, pero cada vez que entraba más, más luz veía. Al llegar al centro de la pirámide un montón de trampas se me venían encima, hasta que cuando ya estaba decidida a salir, me tropecé con un cofre y al abrirlo encontré muchísimos objetos de oro, pero en el fondo del cofre había una nota que decía: 
                        "No tocar o sufrirás las consecuencias"
            Yo asustada por lo que había leído, decidí salir de la pirámide, y al llegar a mi casa le conté a mi familia lo que había visto y aunque nadie me creyó, yo sabía que todo eso era cierto. Hoy en día, todas las noches sigo soñando y recordando lo que vi ese día tan especial.

Andrea Abate, 10 años

LAS VACACIONES EN 4 DÍAS



            Un día una familia salió de vacaciones a la isla de Margarita por 4 días.
Primer día: La familia fue a una selva en una lancha, la niña vio algo brillante dentro de la selva y fue con su tío a ver qué era y pensaron que era un diamante muy grande, pero cuando llegaron allá se dieron cuenta de que era una bolsa y adentro tenía un cuadro de una casa, pero la casa era muy extraña; así que decidieron averiguar más sobre ese cuadro, pero tenían que irse porque ya era tarde.
Segundo día: Siguieron averiguando más sobre ese cuadro y resulta que se acercaron mucho y se difuminizaron, o sea, se metieron dentro del cuadro. Esa casa era muy peligrosa y muy rara. Ellos tuvieron mucho miedo, y ellos trataron de buscar una manera de salir de ahí.
Tercer día: Había amanecido y todavía seguían atrapados ahí, entonces por fin encontraron una manera de salir de esa casa. Para salir de ese cuadro tenían que entrar en una habitación donde habían cuatro puertas y una de esas puertas los iba a sacar de ahí.
Cuarto día: Entonces los dos tenían que tomar una decisión, para elegir la puerta correcta. Tenían que decidir entre la puerta nº 1, Nº 2, Nº 3, Nº 4. Entonces la niña escogió la puerta Nº 2 y la abrieron y sí salieron del cuadro. Cuadro llegaron a su casa prometieron no decir nada de lo que les había pasado.

Daniela Morales, 13 años

TURISMO EN LA SELVA DE VENEZUELA



            Un día yo fui a la selva a hacer turismo, fue demasiado divertido. Ese día me encontré muchas cosas, una de todas esas cosas fueron las plantas extrañas y muy extrañas, árboles grandes. La montaña se veía desde lejos, en fin, me pasó algo terrible.
            Cuando estaba viendo la montaña me tropecé con una roca medio grande y me caí fuerte, bueno, nada grave me pasó, sólo tuve un morado grande, seguí caminando y me perdí en la selva y estaba oscureciendo, era terrible lo que me había pasado. Y, ¿tú sabes cómo regresé? No, bueno, fue muy fácil, con mi brújula que me guía al norte, donde estaban mis otros compañeros.

Stephany Pérez Bastidas, 8 años

DANIEL ALEJANDRO DELFÍN



            Érase una vez, la historia de un niño soñador llamado Daniel Alejandro Delfín, él soñaba con montar una ola perfecta, pero cuando los peces y otras criaturas del mar dejaron de soñar, el mar perdía su magia.
            Cuando decidió abandonar la tribu lo arrastró una ola y no sabía dónde estaba, hizo una amiga que era una mantarraya. Que era una mensajera del mar.
            Luego el joven delfín fue a buscar su ola.
            Después se quedó dormido, cuando despertó se encontró a un calamar, se hizo su amigo. Pero para la pesadilla de Daniel los estaba persiguiendo una barracuda gigante. Y empezó la persecución. Pero lograron escapar.
            Fueron donde Cerebro, un pulpo que les iba a decir cuándo era el eclipse pero, tenían prisa, el pulpo no los dejaba salir y escapar.
            Daniel pelió y le ganó a la barracuda, después llegó a su destino, era la ola más grande del mundo.
            Cuando la pasó, hizo un impactó en todos los peces del mundo y desde ese entonces todos volvieron a soñar.

Daniel Alejandro Morales, 11 años

LAS MIL CAÍDAS



            Johny se mudaba a la isla de Tenerife. Al salir del avión se cayó cuando aterrizó y se metió un tortazo. Al salir del hospital se mejoró y se compró una patineta 3000.
            Pero no crean que se divirtió mucho. Déjenme darles un consejo:
1. Patinen con casco y no patinen en campos de rosas. Johny lo hizo y gracias a Dios tenía seguro médico.
2. Tampoco lo deberían intentar en la calle, ni hablar de los carros, pero a veces las alcantarillas abiertas…

            Descansó un rato, y fue a un lugar de patinar, pero la lesión fue fea.
            Ustedes dirían que dejó de patinar, pero no lo hizo y lo sé al mirar la casa del señor Berry, el hueco en su ventana.
            Ahora ya usa silla de ruedas, y no usa patineta, ya no es el de antes, ya no hace sus acrobacias…bueno casi no las hace…

Sebastián Díaz, 11 años

EL HOGAR DE LA MALDICIÓN



            Un día una tribu que vivía en Canaima le tocó mudarse a otro lugar porque encontraron  una mujer muy rara muerta y al instante un hombre de la tribu dijo que era una maldición y que tenían que irse de ese lugar de inmediato. Cayó al piso muerto. Como todos se asustaron tomaron esa decisión de irse a otro lado. Después de tanto caminar llegaron a un río y dijeron:
            —Si cruzamos al otro lado no habrá maldición. Y así se hizo, todo el mundo cruzó el río y prohibieron ir al otro lado, pues lo llamaron Tenebroso.
           
            Después de varios años ya casi nadie se acordaba de la maldición. Hasta que un día en la noche, mientras todos estaban alrededor de una hoguera, contando cuentos de terror, se oyó una voz que decía:
            —Ayuda, ayuda, por favor ayúdenme ayúdenme. Todo el mundo salió corriendo a ver quién era, pero cuando llegaron no había nadie.
            Al regresar vieron una mujer sentada frente a la hoguera, estaba toda mojada y temblando de frío, al darle una manta para que se secara ella dijo:
            —¿Por qué lo hicieron?.
            Nadie sabía de qué hablaba, hasta que gritó y agarró una jovencita y se la llevó al otro lado; esa noche nadie durmió pues se acordaron de la maldición.
            Al día siguiente escogieron a los hombres más valientes para que fueran a buscar a la joven, si es que estaba viva. Los hombres fueron y al anochecer no había encontrado nada de nada; al amanecer fueron a ver si estaba en el viejo templo. Cuando llegaron la vieron tirada en el piso toda mal herida, la agarraron y cuando se la iban a llevar apareció la mujer y dijo:
            —Al venir aquí marcaron su muerte. Y se les abalanzó encima. Todos salieron corriendo y al llegar a la orilla la cruzaron rápidamente y pasaron; al llegar a la otra orilla dijo:
            —De los 8 hombres que fuimos sólo he vuelto yo y la chica. Después de curarla recogieron todo y partieron hacia otro lugar.

            Luego de varias horas llegaron a otro río y esa misma noche volvió a venir la mujer y esta vez mató a 2 niños, 5 hombres y 3 mujeres. A la mañana siguiente se dieron cuenta que sólo habían 4 hombres, 3 mujeres y 5 niños. Por tercera vez volvieron a partir y encontraron una enorme cascada; a la hora de dormir volvió a ser lo mismo con la mujer, al levantarse sólo quedaban 1 mujer, 1 hombre y dos niños.
           
            Después de mucho pensar, empezaron a subir la cascada, al subirla, ya casi llegando a la cima, se cayó uno de los niñitos. Al llegar al final empezaron a rezar, y de tanto rezar vieron que venía la mujer y empezaron a correr hasta que ella les dijo:
            —Paren, por favor. Ella les explicó todo de una manera rápida, lo que le pasó y les dio las gracias, por haberla liberado con sus rezos. Y subió al cielo en paz.
            Entonces comenzaron de nuevo su vida los dos juntos y a esa cascada la llamaron el Salto Ángel.

Sara Mendoza García, 11 años

ATLANTIS



            Eran dos hermanos pescadores que vivían en un pequeño barco llamado "San Antonio". El hermano mayor, Santiago, era un hombre alto, fuerte, con cabello negro y cejas gruesas, él era una persona muy amargada y mentiroso; en cambio su hermano Antonio era una persona de mediana estatura, cabello castaño y ojos color marrón, él era una persona muy alegre y honesto. Trabajaban en un gran río, que si te descuidas podías llegar a mar abierto…
            Estaba amaneciendo, Santiago y Antonio ya estaban listos para ir a pescar. Era un día tranquilo, no había mucho ruido. Salieron a pescar, pasaron horas sin conseguir nada, pero de repente la caña de pescar de Antonio empieza a moverse y Antonio Dice:
            —¡Atrapé uno!
            —Te felicito, dijo sarcásticamente Santiago.
            Antonio jala la caña de pescar y ve un hermoso pez de varios colores, se quedó observándolo, y por sorpresa el pez le habló:
            —Hola Antonio, soy Felipe y vengo a decirte que esta noche habrá una gran tormenta, vas a tener que comerme, luego sabrás por qué.
            Antonio dijo lo que le indicó el pez, lo cocinó en la noche y se lo comieron él y su hermano Santiago. Ocurrió la tormenta, y los dos hermanos estaban en sus habitaciones listos para dormir…
           
            Antonio no lograba dormir, sentía que el barco se movía, pero no le dio importancia, y al fin pudo dormir.

            Era la mañana siguiente, y Santiago se levantó y salió de su habitación, vio a los alrededores y no había nada más que agua. Santiago llamó a su hermano:
            —¡Antonio!
            —¿Qué pasó hermano? —dijo Antonio.
            —Como que ¿qué pasó?¿no ves dónde estamos? —dijo furioso Santiago.
            —¡No te preocupes en dónde estamos preocúpate por el barco que se está hundiendo! —dijo Antonio.

            Antonio corrió rápidamente a la cocina a ver qué podía servir para tapar el agujero, y en los platos sucios de la noche anterior decía:
                        Lanzence al agua, no les pasará nada, es la única forma de salvarse.
            —Santiago hay que lanzarnos al agua, es la única forma de salvarnos —dijo Antonio.
            —Estarás loco, yo no me voy a lanzar al agua, ¿y si nos ahogamos? —dijo Santiago.
            —No nos ahogaremos, ya verás —dijo Antonio.
            Santiago confió en su hermano, y se lanzaron juntos al agua, notaron que podían respirar bajo el agua.
           
            Cuando llegaron al fondo vieron a la ciudad perdida de Atlantis, y Antonio le dijo a Santiago:
            —¡Viste!¡Estamos vivos!
            Y vivieron felices con muchas otras personas en Atlantis.

Alejandra Briceño, 12 años
             
           
           













Pequeños lectores y escritores 2. El cuento de suspenso

         A partir de un guión y algunos objetos que traje como pistas los niños elaboraron un relato de suspenso que llamamos LA MISTERIOSA DESAPARICIÓN DE LA SEÑORA GARCÍA. Aquí copio tres versiones que escogí entre los presentados por los niños:

LA MISTERIOSA DESAPARICIÓN DE LA SEÑORA GARCÍA



La misteriosa desaparición de la señora García 1

            Hace unas noches, en la mansión de la multimillonaria señora García, una señora de 72 años, quien dormía tranquilamente en su cuarto, con su hermosa gata Wendy acompañándola, de repente se escuchó un ruido de una ventana abriéndose a golpes y el grito de una señora. La señora de servicio subió corriendo, igual que los dos hijos de la señora García, cuyos nombres eran: Felip y Eduardo.
            Ya en el cuarto Felip, Eduardo y la señora de servicio vieron una llave rota, que era la llave de la ventana, un calendario, con el día martes 13 de agosto marcado, y una hoja de papel que decía:
nuestorhazalto es oi, nueztarcaza es henelvarrio delacaye sinco.             
             Lo había escrito alguien con una horrible escritura. Fueron a ver si estaba a salvo la señora García y no estaba, la gata también había desaparecido, era el colmo de los colmos.
              Felip era detective y llegó a una conclusión:
              —Se querían robar los lingotes de oro que tiene mi madre, mi madre no les dijo dónde estaban y la raptaron y ya que Wendy, la gata, tiene un collar de oro y plata, no les dio tiempo de quitarle el collar a Wendy, y la raptaron también.  
              La conclusión de Felip tenía mucha lógica, pero ni la señora de servicio ni Felip sabían lo que decía el papel, así que se lo dieron a Eduardo que era profesor de niños y entendía esa letra y lo que decía era:

                                   Nuestro asalto es hoy y nuestra casa
                es en el barrio de la calle cinco 

            Al día siguiente Felip y un policía fueron a la casa de los ladrones, cuando entraron vieron a la señora García y a su gata, pero era una trampa. A Felip le dieron un golpe en el ojo, pero el policía logró atrapar a los 3 ladrones, y Felip recuperó a su madre y a Wendy y más nunca les volvió a robar un ladrón.

Sofía Peralta


La misteriosa desaparición de la señora García 2

            Era una mañana de otoño, una señora desapareció en su cuarto con su gata llamada Petra, fui a investigarlo. Las únicas pistas que tengo son una campana rota, una chequera casi vacía con un cheque anulado, una calculadora en la cama.
            En el cuarto de la señora usé polvo de huellas en este caso. Seguí las huellas de campana con el pedazo roto, vi unos dedos, y en el suelo encontré pelo de gato.
            Pienso en seguir las huellas pero voy a ver las huellas de la calculadora, reviso los resultados y son los de la chequera y son 245,70.
            Me voy a seguir las huellas. Y me llevan a una llave rota, me digo a mí mismo, todo concuerda, sigo las huellas y encuentro tres pelos de gato, que me llevan al sótano y encuentro la otra mitad de la llave y digo ¿cómo está la otra mitad si estaba arriba?
            Le pregunto a la señora que fue a despertarla y me dijo:
            —Yo llegué y fui al sótano y encontré la llave ahí. Entonces fui y abrí la puerta y ahí estaba la señora García, en la computadora.

Daniel Alejandro Morales


La misteriosa desaparición de la señora García 3

            En la mañana del 9 de diciembre, eran cerca de las 9 am, la señora María, fue a levantar a la señora García, una mujer mayor, cerca de los 70 años, con un cabello castaño, ojos negros. Era una persona muy amable, tenía 2 hijos, ya mayores; su hija mayor Camilla, que tiene 40 años y su hijo menor Luis, que tiene 37 años, es viuda, ya que su esposo José murió en un accidente de tránsito.
            La señora María entró a la habitación de la señora García, abrió la puerta silenciosamente y no la vio en su cama, lo que más le extrañó fue que la cama estaba tendida, la ventana abierta, y el cuarto completamente ordenado, todo esto le sorprendió; pero antes de llamar a la policía, decidió buscarla por toda la casa, gritando "Señora García, ¿se encuentra aquí? y nadie respondía. No se oía ningún ruido, nadie respondía. Luego de pasar media hora buscando, decidió llamar a Jason, un detective, gran amigo de la señora García. Marcó el número y esperó a que contestara.
            —Jason Gideon, detective privado ¿quién habla? —dijo Jason a través del teléfono.
            —Hola Gideon, soy yo la señora María.
            —¡Hola! María, ¿para qué me llamas? —preguntó.
            —He buscado a la señora García por toda la casa y no la encuentro, tampoco a su gato Misifú —dijo asustada.
            —Voy en camino —respondió rápidamente.
            —Ok, gracias —colgó la llamada.
            Gideon llegó rápidamente, tardó como unos 10 minutos. Se saludaron y subieron a la habitación de la señora García.
            —No he tocado nada, todo está como lo encontré —dijo la señora María.
            Jason entró en la habitación, y empezó a observar la pequeña mesa de noche, allí encontró varias pistas, mucho pelo de gato, huellas de gato, un reloj que lo habían detenido justamente a las 8:10 am. Gideon dijo:
            —Señora María, ¿usted sabe si la señora García tiene alguna conexión con el número o la fecha 810?
            —No que yo recuerde ahora —señaló María.
            Segundos después encontró un calendario de ese año marcando la fecha del 9 de diciembre, ese mismo día.
            Y la señora María dijo: —¡Claro!¡Cómo no lo recordé! Hoy es el cumpleaños de su hija, y el número de su casa es el 810.
            —¿Será que está allí? —dijo Jason.
            Rápidamente fueron, tocaron el timbre, y vieron a la señora García sentada en un sofá con su gato.
            Jason y María entraron, y minutos después entró Camilla, su hija, salieron muchas personas gritando ¡Sorpresa!
            Ya todo les quedó claro, estaba organizando una fiesta sorpresa para su hija.

Alejandra Briceño






miércoles, 14 de agosto de 2013

Pequeños lectores y escritores 1

Este Lunes, 12 de agosto, inicié taller de cuento para pequeños y jóvenes lectores, entre 10 y 15 años en la Casa Arturo Uslar Pietri. En nuestro primer día de taller hicimos un ejercicio con recortes de titulares de prensa. Copio a continuación dos de los cuentos que ellos escribieron:



LA REUNIÓN CON JUAN MANUEL

            Había una vez, un muy rico empresario, con 25 años, que compraba todo lo que veía. Vivía con su mayordomo y su hijo; su esposa lo abandonó porque no era amable. Él le quitaba el dinero a los pobres y abusaba de sus "amigos", les hacía hacer trabajos duros y largos y les pagaba como un centavo. Era una mala persona.
            Un día el presidente lo llamó para reunirse. El presumía que el presidente lo había llamado para venderle el país. El hombre abusador se llamaba Richarson. Fue a la reunión y el presidente Juan Manuel le dijo:
             —Buenos días señor Richarson.
            —Buenos días, señor Presidente.
            —Quería verte, tengo problemas con el país y quería negociarlos contigo.
            —Perfecto, dijo Richarson, traje mucho dinero.
            —Qué bueno, con eso pagarás el dinero que robaste a los pobres.
            —¡NO! dijo Richarson y se fue.
            Una semana después se repitió todo otra vez y otra y otra y otra hasta que le dio el dinero a los pobres y todos (menos él) vivieron felices.


Sebastián


EL CABALLO PHELIPS

            Hace mucho tiempo, en el pueblo de Meicroft, que era pequeño, tranquilo y lejano de cualquier parte…Allí vivían seres como trolls, gigantes, enanos, sirenas, unicornios, etc.
            Pero había uno de ellos que nadie lo quería, por no ser un ser fantástico, era un caballo llamado Phelips. Todos los días se burlaban de él. Phelips ya harto de esa situación, decide ir a visitar al brujo Walter. El era un brujo con forma de araña combinado con pez.
            Phelips al llegar a la casa del brujo, observa que es una casa con mucha neblina y muy oscura. Al entrar la puerta chilló y había mucho polvo. En ese momento el brujo Walter apareció por sorpresa y lo mandó a pasar. Phelips le contó por qué había ido para allá. El brujo se levantó e hizo una pócima que lo convertiría en ser mágico, pero el brujo antes de entregarle la pócima le dijo:
            —Recuerda, solo toma una gota por semana, durante dos meses, puedes correr peligro si te pasas la dosis, puede ser adictiva.
            Phelips estaba tan ilusionado que no le prestó atención al brujo y se tomaba tres gotas por semana. Al pasar los dos meses el caballo se había convertido en un ser fantástico, mitad hombre mitad caballo, pero él no había notado que le estaban saliendo lunares rojos. Al año él ya estaba cubierto de lunares y recordó lo que le había dicho el brujo y se arrepintió de lo que había hecho.


Andrea Abate

martes, 13 de agosto de 2013

Bravío



Desde pequeña me habían educado para ser dueña de hacienda, a pesar de toda mi vida haber crecido en la ciudad. Siempre pensé que todo aquello era innecesario, seguramente porque de pequeña no me planteaba la posibilidad de que mi abuelo, el encargado de que funcionara toda la hacienda, fuese a cansarse algún día y finalmente dejarlo. Para mí, mi abuelo era una especie de hombre invencible: lo recordaba con su cuerpo fornido y su piel tostada por el sol de la llanura, con una escopeta a su espalda y con la cena en mano en las tardes de los martes cuando llegaba de cazar en su hermoso mustang marrón canela.
                Lo adoraba a él, adoraba el campo y adoraba esa tierra, que siempre me hacía sentir bienvenida algunos largos fines de semana y los meses que estábamos de vacaciones. Hacía ya un par de años que no regresaba a la hacienda del abuelo y él ya no estaba para poder administrarla. En un principio, pensaba que era innecesaria esa educación para llevar las riendas de aquella finca, ya que mi madre la odiaba. Había huido toda su vida de ella y el hecho de verse de regreso la enfermaba como ninguna otra cosa que yo conociera. Por otro lado, mi padre sabía lo mucho que yo amaba la vida en el campo y decía que yo tenía el “carácter adecuado” y que sabría lidiar con esos hombres que trataran de doblegarme, los no acostumbrados a mujeres con poder.
Él sabía que el día llegaría. Que el día de hoy estaría camino a la hacienda, en contra de mamá que insistió en vender. Un freno brusco me hizo regresar al autobús en que viajaba, para hacerme fijar la mirada afuera de la ventanilla en un intento de descifrar qué era lo que pasaba. Corrí la cortina para ver mejor, aunque no fue gran diferencia a como estaba antes. Pegué la sien a la ventana para tratar de ver más hacia en frente y distinguí un hermoso y robusto Peruano de Paso color caramelo, en sus dos patas traseras relinchando de la sorpresa. Tras el alboroto, otros pasajeros tomaron el interés de correr también sus cortinas. Volví a mirar y esta vez estaba el caballo repuesto en sus cuatro patas sosteniendo sobre él, un apuesto hombre de pecho desnudo que parecía disculparse, alzando su sombrero de vaquero al tiempo de que se inclinaba un poco hacía adelante con una sonrisa en sus labios. Apenas pude distinguir su tez bronceada, que era de un marrón caoba, como de los que abundaban en las llanuras. Su cuerpo lucía igual de imponente que el de su caballo y lo siguiente que pude apreciar antes de que desapareciera a todo galope, fueron su par de ojos ámbar café que se encontraron con los míos en el camino.
En el autobús lo único que pude escuchar fue un par de gritos ahogados que me pareció que venían de unas señoras de edad, diagonales a mi puesto. Se persignaron para luego decirse en susurro una a la otra con cierta conmoción: “ha vuelto”. Confundida regresé la vista al otro lado del vidrio, donde sólo las planicies alfombradas me devolvían la mirada.

II
El cielo se teñía de un naranja en el horizonte, en un purpúreo crepúsculo que jamás había visto antes. La temperatura era algo inusual y el ambiente se percibía algo más salvaje. Sentía que había dejado pasar mucho tiempo desde la última vez. Ya podía divisar la entrada de la hacienda al lomo del Mustang de mi abuelo y podía sentir como mis latidos se aceleraban conforme me acercaba a la casa. El capataz lo había dejado para mí en el terminal del pueblo y me guiaría hasta llegar hasta la casa. Cerré mis ojos y aspiré un olor intenso a madera, a tierra y cuero. Parecía como si pudiese oler en un solo segundo, un solo olor, toda la sabana que se extendía bajo mis pies.
Al llegar, para mi sorpresa, nos esperaba en el portal aquel caballero sobre su fuerte peruano de paso, como aguardando el destino. Bajé recelosa, sin disposición a ser amable con extraños, como mi abuelo me había enseñado. Sin desmontar a Fazio fui directo a su encuentro. Pero antes de alejarme demasiado el capataz me advirtió:
-Señorita, medie bien sus palabras – me dijo Leandro en tono gutural.
-No tenga cuidado Leandro, sabe usted bien como he sido educada- le respondí en tono desafiante. Me acerqué con la suficiente distancia e irguiéndome lo justo para dejar claro mi posición.
-Caballero, ¿qué podría desear usted tan entrada la tarde? Además, ¿no ha escuchado usted que esta hacienda ha estado sin patrón desde hace algunas semanas?- le dije con menos tacto del que en realidad deseé. Permaneció inmutable ante mi hostilidad.
-Un placer señorita…?- dijo en ademán de pregunta. Permanecí en silencio. -Soy Bravío y sí, ciertamente he sabido eso y estoy aquí para poner las cosas en orden- respondió caballerosamente.
-¡Ah! ¿Con que sí, eh?-dije algo sorprendida- Y ¿qué posición juega aquí usted, que no recuerdo tenerlo en mi lista de empleados?- le respondí en tono sarcástico.
-Seguramente señorita, es porque yo no soy su empleado, ni de usted ni de nadie- dijo mordazmente con sus profundos ojos ámbar, del mismo tono de la piedra que en ese momento se balanceaba entre mis senos. Ese dije me lo había obsequiado mi abuelo, diciéndome que era su corazón, porque en él, se guardaba la historia de la finca.
-Pues entonces no le veo el motivo de que esté en mis tierras, así que debo pedirle que se retire, y le recomiendo que tenga una buena razón si desea aparecerse por aquí de nuevo- repliqué desafiante.
-Lamentablemente debo decirle que no me iré. Soy dueño de toda la tierra que ve, hasta el final del horizonte. Cuido de ella y de la gente que aquí permanece. Debo asegurarme de quienes lo administran lo hagan con juicio y cordura- me dijo en tono apacible.
-¡Ja! ¿Con que suya, eh? Y disculpe, pero ¿con qué potestad me dice eso?- contesté algo irritada.
-Con la autoridad que me dan estos mismos campos, la naturaleza. Ella me pertenece al igual que yo a ella y ambos estaremos vigilándola- dijo para luego volverse hacia la llanura camino al sol que se oponía en el horizonte, hasta donde iban sus tierras.
Al tiempo que lo miraba cabalgar velozmente con la boca ligeramente entreabierta, Leandro se acercó a mí con cara de sostener una carcajada. Desmonté a Fazio, todavía anonadada por el atrevimiento de aquel hombre y aún sin saber quién era.
-No se preocupe señorita, si vamos de buena mano, ese hombre nunca lo tendremos de enemigo- me dijo aun sonriendo –la conozco a usted desde pequeña y sé que no le gusta que le impongan condiciones ni que le digan que hacer, pero déjeme decirle de que ese caballero no se deja doblegar. Es mejor que lo escuche y no le dé mucha importancia al estatus en este lugar porque estas tierras él las posee.
-A no me diga usted Leandro, que ahora le sirve al equivocado- dije ya un poco irritada por su cara burlona.
-No patrona, hágale caso a Leandro. A Bravío le apasionan estas tierras y no responde con el que se cree más dueño de ellas que él- me advirtió Doria que venía acercándose.
-A ver Doria, ¿desde cuándo un hombre viene a amenazarme a mi propia finca? ¿Por qué mi abuelo nunca me hablo de esto? ¿De él?- dije poniéndome las manos en las caderas. -Ay mi niña, su abuelo no tenía problema alguno con ese muchacho, ni con su padre. Son nativos de aquí y viven adentrados en la sabana, como ojos silenciosos cuidan su tierra. Bravío es casi una leyenda por aquí. No todos lo han visto y dicen que su madre es la naturaleza misma. Nadie sabe con certeza donde tiene su tribu, ni siquiera si existe tribu alguna. Irradia una energía tan fuerte, que dicen que se sabe cuándo no está cerca porque la madera y sabana pierde su olor, los días son raramente fríos y se cree que su espalda es el mapa más exacto del campo. Dicen que su caballo no es más que un espíritu, al igual que él, indomable.
-Lo siento Dorita, esas son tonterías. Esta es mi hacienda y nadie va a venir a decirme que debo hacer- le respondí bruscamente. –Leandro, atiende a Fazio y prepáralo que mañana temprano daré una vuelta por toda la hacienda- le ordené y entré con pasos firmes a casa con la idea de averiguar quién era ese hombre.

                III
                Para la hora en que volvía a caer la tarde, ya faltaba un poco más de un tercio de finca por recorrer, ya había supervisado los establos y la mayoría de las siembras estaban en orden. Mi abuelo se había mantenido bastante justo toda su vida con los obreros que trabajaban para él y seguían siéndoles fieles, a pesar de su desaparición. Me dispuse a regresar a casa y terminar el resto de las labores al día siguiente, pero el ambiente estaba más silencioso de lo normal. Pensé dentro de mí que seguramente el gran Bravío estaría ausente y reí de las ocurrencias de los campesinos. El camino que esperaba era algo largo y Leandro me había dejado ya hacía un par de horas por una urgencia que se le había presentado en una de las caballerizas, asegurándome que no era nada importante.
                Cabalgué por la vereda a paso lento y me pregunté si había sido correcto haberle dejado mi escopeta a Leandro. Repentinamente se escucharon unos cascos a lo lejos. Pensé en que la urgencia debió de empeorarse. Me volví hacia dónde provenía el sonido pero esta vez, parecía que éste resonaba por todos lados. Estaba en un área donde los arbustos eran altos y más cerrados, así que no podía saber con certeza qué era exactamente lo que estaba pasando.  Al inicio, supuse que se trataba de una especie de efecto Doppler, pero a medida que corrían los segundos, se escuchaban cada vez más fuertes y dejaba suponer que eran varios los galopes y que venían a una velocidad considerable.
                Recordé las historias de mi abuelo de los bandoleros del llano y como él los ahuyentaba de la hacienda con la ayuda de sus empleados con escopetas y piedras. Recuerdo que decía que pasaban por los alrededores de la finca generalmente por las noches, pero siempre había creído que no eran más que historias de las que a veces hacía uso para dormirme. Me dije que estaba actuando como tonta y que probablemente eran de mis empleados, pero de todos modos me abalance a todo galope a un espacio más claro, donde solo algunos higuerones y písamos adornaban los gramales. Finalmente llegue a un claro, pero ya era muy tarde: al segundo que  levanté la mirada,  me vi rodeada de unos seis hombres a caballo que ocultaban sus rostros tras pañoletas rojas.
                -¿A qué vienen ustedes, caballeros a mis tierras? No tienen autorización de permanecer aquí- exclamé con firmeza mientras me erguía en posición defensiva. De eso recibí fue carcajadas de todos, menos de uno, que se abría paso entre los demás directo hacía mí. Decidí no retroceder, aunque de haberlo querido, no habría servido de mucho teniendo a dos tras mío. Bajó su pañoleta y me dejó ver una sonrisa negra de medio lado tras una barba espesa al tiempo que una brisa empezó a soplar con fuerza. El bandolero cargaba mi escopeta y el sombrero de Leandro, y ahí fue cuando empecé a temer.
                Casi tan repentinamente como había empezado la brisa, el ahora familiar olor a madera y a cuero se colaba en el claro y entre los árboles, un peruano de paso se podía ver al igual que un par de piedras ámbar que perforaban mi rostro. Él también cargaba una escopeta, pero esta era el doble de la mía. Ningún bandolero se había percatado hasta que Bravío lanzo un disparo al aire que resonó por toda la Sabana y sobresaltó a todos.
                El que parecía ser el jefe se volvió ante el inesperado estruendo. Su expresión era colérica y tomó mi escopeta en sus manos cuando, inesperadamente, su semblante cambió. Cerró los ojos, aspiró y su rostro pasó a mostrar un espanto reprimido. Era el olor de todo el campo en un suspiro. Miró a Bravío con frustración y odio y en menos de un segundo se le escuchó bramar un decidido ¡vamos!, para que luego todos huyeran en la misma dirección.
                Bajé de mi caballo para reponerme un poco del susto y se acercó lentamente hacia donde yo me encontraba. Su cuerpo parecía tan recio como la madera y su piel era como el crepúsculo. Ninguno de los dos perdió de vista los ojos del otro mientras nos hacíamos próximos y su olor se hacía cada vez más fuerte.
                -Debería tener más precaución al andar sola por la Sabana, uno no sabe con qué se encuentra- dijo mientras se sacaba el sombrero. No respondí. –No tiene que decir las gracias, como le dije, yo cuido de esta tierra y de los que están aquí.
                -Es bastante responsabilidad ¿no cree?- le dije.
                -Ciertamente, pero no me preocupa. No estoy solo- me dijo con una sonrisa y acercó más su rostro, rozó su mejilla contra la mía y me susurró al oído. –La seguiremos vigilando-.
                Tragué saliva y lo miré a los ojos sin tener nada que decir. Deslizó sus dedos por mi cuello hasta tomar el colgante de mi abuelo que oscilaba en mi pecho, danzante con mi respiración entrecortada y desprendió la cadena. No protesté ante aquello.
                -El ámbar, duro pero quebradizo. Como usted. Ámbar Brontë, nieta de Dorian Brontë. Esos bandoleros vienen de vez en vez y debieron de escuchar que su abuelo ya no andaba por aquí. Lo que no deben de saber es que la nueva patrona tiene peor carácter- dijo entre risas. No pude hacer más que fruncir el ceño. Quería quitarle mi collar pero mi cuerpo no me obedecía.
                -Leandro se encuentra bien, debe venir en camino por usted- dijo mientras se daba la vuelta para montar de nuevo su flamante caballo color caramelo. –Debe tener más cuidado, aunque no creo que esos se pasen por aquí en un tiempo.
                -No se crea usted tan invencible- le dije acercándome a él –no bromeo.

                -Yo tampoco- dijo tomándome suavemente de la barbilla desde arriba de su percherón. Lo observé partir de nuevo para encontrarse con el horizonte, donde no terminaban sus tierras, su espíritu. Decían que tenía fuerza y pasión, que era indomable. También conquistador. Ahora era dueño del dije en corazón que representaba la finca, ya que no podía seguir diciendo que era mía. Al igual que mi propio corazón.

Kayré García

alumna del Taller de Cuento de la Biblioteca Los Palos Grandes