Eran las 7:00 de la mañana
de un sábado, la cota mil estaba a rebosar de gente, unos descansando en algún
puesto y otros trotando aislados de los demás. Pero un grupo algo peculiar, era
un hombre posiblemente casado, paseaba a sus dos perros, uno muy hiperactivo y
el otro más relajado; el más inquieto saltaba de un lado a otro y en uno de sus
saltos paso al barandal y cayó por el precipicio. Todos los que estaban cerca
se asomaron para ver si aún se encontraba con vida, el dueño y un joven fueron
en su auxilio, gracias a Dios el animal no sufrió ningún daño.
María Laura Ramírez

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