(Cuento leído en el taller ¿Cómo escribir un cuento? en la Casa Arturo Uslar Pietri, julio 2015)
UNO
Él se sentó a esperar bajo
la sombra de un árbol florecido de lilas.
Pasó un señor rico y le
preguntó:
-¿Qué hace usted, joven,
sentado bajo este árbol, en lugar de trabajar y hacer dinero?
Y el hombre le contestó:
-Espero.
Pasó una mujer hermosa y le
preguntó:
-¿Qué hace usted, hombre,
sentado bajo este árbol, en lugar de conquistarme?
Y el hombre le contestó:
-Espero.
Pasó un chico y le preguntó:
-¿Qué hace usted, señor,
sentado bajo este árbol, en vez de jugar?
Y el hombre le contestó:
-Espero.
Pasó la madre y le preguntó:
-¿Qué haces, hijo mío,
sentado bajo este árbol, en vez de ser feliz?
Y el hombre le contestó:
-Espero.
****
DOS
Ella salió de su casa
dispuesta a buscar.
Cruzó la calle.
Atravesó la plaza.
Y pasó junto al árbol
florecido de lilas.
Miró rápidamente al hombre.
Al árbol.
Pero no se detuvo.
Había salido a buscar.
Y tenía prisa.
Él, con una sonrisa, la vio
pasar.
Alejarse.
Hacerse un punto pequeño.
Desaparecer.
Y se quedó mirando el suelo
nevado de lilas.
Ella fue por el mundo a
buscar.
Por el mundo entero.
En el Norte había un hombre
con los ojos de agua.
Ella preguntó:
-¿Sos el que busco?
-No lo creo. Me voy –dijo el
hombre con los ojos de agua.
Y se marchó.
En el Este había un hombre
con las manos de seda.
Ella preguntó:
-¿Sos el que busco?
-Lo siento. Pero no. –dijo
el hombre con las manos de seda.
Y se marchó.
En el Oeste había un hombre
con los pies de alas.
Ella preguntó:
-¿Sos el que busco?
-Te esperaba hace tiempo.
Ahora no –dijo el hombre con los pies de alas.
Y se marchó.
En el Sur había un hombre
con la voz quebrada.
Ella preguntó:
-¿Sos el que busco?
-No. No soy yo –dijo el
hombre con la voz quebrada.
Y se marchó.
****
TRES
Ella siguió por el mundo buscando.
Por el mundo entero.
Una tarde, subiendo una
cuesta, encontró a una gitana.
La gitana la miró y le dijo:
-El que buscas te espera en
el banco de una plaza.
Ella recordó al hombre con
los ojos de agua.
Al hombre que tenía las
manos de seda.
Al de los pies de alas.
Y al que tenía la voz
quebrada.
Y después se acordó de una
plaza.
Y de un árbol con las flores
lilas.
Y de aquel hombre que,
sentado a su sombra, la había visto pasar con una sonrisa.
Dio media vuelta y empezó a
caminar sobre sus pasos.
Bajó la cuesta.
Y atravesó el mundo.
El mundo entero.
Llegó a su pueblo.
Cruzó la plaza.
Caminó hasta el árbol
florecido de lilas.
Y le preguntó al hombre que
estaba sentado a su sombra:
-¿Qué hacés aquí, sentado
bajo este árbol?
El hombre que estaba sentado
en el banco de la plaza le dijo, con la voz quebrada:
-Te espero.
Después levantó la cabeza.
Y ella vio que tenía los
ojos de agua.
Le acarició la cara.
Y ella supo que tenía las
manos de seda.
La invitó a volar con él.
Y ella supo que tenía
también los pies de alas.
FIN ◠‿◠
María Teresa Andruetto
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